• IV. Un juego

    Cristiano Ronaldo celebrando un gol con el Manchester United

    Busco en el fondo del armario y remuevo una pila de recuerdos. Una camiseta de peñas manchada de Kalimotxo con escudo del Celta do Viño, un suéter de Asos que nunca me quedó como al modelo, una gorra de la revolución cubana… «Ajá! aquí están» me digo mientras desempolvo mis viejos botines de fútbol sala. Me dirijo al pabellón y escucho el rugir de la grada, bromeo en el vestuario mientras me enfundó las medias y una vez listo enfilo el túnel con una mezcla de expectación y nervios hasta llegar al campo. Mi gesto se tuerce en una mueca de sorpresa mientras miro a la grada. Está medio vacía. “A caso no saben que hoy vuelve una leyenda?” me pregunto pensativo. “Estarán buscando aparcamiento”. Me pongo a calentar y me molestan las botas, creo que me ha crecido el pie. Dentro del polideportivo municipal debe haber unos 40 grados, ¡Estoy sudando y ni siquiera he empezado a moverme! La grada sigue vacía. Suena el pitido inicial y espero sofocado hasta que me toca salir. El primer control se me queda muy pegado, el segundo demasiado largo. Los pases llegan botando y mis esfuerzos defensivos terminan por desfondarme. “Cambio!” grito al banquillo. Salgo un par de ratos más hasta que el árbitro decreta el final del partido. Exhausto, con piernas magulladas y visión nublosa me pego una ducha de las que invitan a reflexionar. He tocado cuatro balones y no puedo ni caminar.

    En esto días que se rumorea la vuelta de Cristiano Ronaldo a España (lo de inyectarse botox en los genitales lo dejamos para otra columna) recuerdo aquella famosa portada del diario Marca, “Tiene 33 años, pero su edad biológica es la de un hombre de 20”. Chequeo su página de Wikipedia y saco la siguiente conclusión; ahora que está cerca de cumplir 38 años andará por los 25 años Marca. Es entonces cuando me doy cuenta, ¡CR7 me ha robado la edad! Ahora todo cuadra, tengo 25 años, pero 38 años Marca porque el cabrón del Bicho me los ha arrebatado.

    La vida es un juego, esa frase que nunca había entendido, cobró entonces todo el sentido del mundo. No quiere decir que cuando el jefe te pida explicaciones le puedas tirar un chúpate cuatro y cambio a amarillo, ni que Ibai Llanos vaya a hacer una vídeo reacción mientras te lavas los dientes. Lo que quiere decir es que el botín es limitado. Un funcionamiento que encaja en la Teoría de Juegos, más concretamente en los juegos de suma 0. Lo que te dan por lo que te quitan. Una balanza, un equilibrio casi nunca óptimo donde una estrella mundial del fútbol puede aprovecharse astutamente para drenar la energía vital de un chaval que vive en Barcelona.

    En la bohemia París de principios del siglo XX, ciudad idealizada que de existir hoy se culparía a Ada Colau, se conocieron nuestros dos protagonistas. Los despreocupados artistas eran amigos e intercambiaban pareceres en los albores del nuevo arte. Un día, uno de ellos fue acusado de colaborar en el robo de una obra del Museo del Louvre. Mientras estaba retenido por la policía, el segundo artista fue llevado al interrogatorio donde negó conocer de nada a su, desde aquel momento, antiguo amigo. La obra; la Gioconda, el acusado; Guillaume Apollinaire y el olvidadizo; Pablo Picasso. Tras demostrar su inocencia ambos siguieron en contacto, pero la relación nunca fue la misma. Picasso impresionaba al mundo con su cubismo y Apollinaire hacía lo propio con sus caligramas. El poeta terminó por alistarse al ejército francés durante la Gran Guerra, fue herido por impacto de metralla en la cabeza y acabó muriendo un año más tarde de gripe española unos meses después de su boda. Por su parte, el malagueño gozó de una vida larga repleta de fortuna, reconocimiento y fama. El todo y la nada. Como concursantes de Pasapalabra donde uno se llevó el bote multimillonario y el otro el juego de mesa autografiado por Roberto Leal y sus compañeros de equipo Tania Llasera y Ricky de OT.

    Sirva esta anécdota para ejemplificar mi conjetura. No busco ser citado junto a John von Neumann y Lloyd Shapley, tampoco presentar mi candidatura al Nobel de economía. Mi estilo es más como el chucho de Investigaciones de un perro de Kafka, de alguna manera tengo que justificar mis mierdas y en esta caso, mis mierdas son esta columna. De esta columna, además, se espera una conclusión o mejor aún, una lista de acciones. Las apunto para no olvidarme:

    1. Me tengo que apuntar al gimnasio.
    2. Salir a correr.
    3. Dejar de fumar.
    4. O quizás cambiar.
    5. Quizás de eso va la vida,
    6. de saber cuando toca cambiar de juego.
    7. Probaré el parchís.
    8. O el mus.
    9. O el Tetris, siempre se me dio bien el Tetris.
    10. Encajar piezas.
    11. Encajar palabras.
    12. Y rezar.
    13. Rezar para que Cristiano no se entere.

    PD: Pablo quiso redimirse entregando su escultura Cabeza de Dora Maar como homenaje tras la muerte de Guillaume. Hoy en día, el busto en bronce en la plaza de Laurent Prache nos sirve para recordar que la vida sigue siendo un juego.

  • III. Imprecisos

    Imagen del espacio tomada por el telescopio James Webb

    Hoy es 19 de Julio, el ducentésimo día del año (201º en año bisiesto). Tal día como hoy un tal Agustín I de México fue fusilado por sus propios ciudadanos debido a tener el peor nombre de emperador posible. También coincide la fecha en la que los españoles bailaron a los franceses en Bailén y, según se hablaba en la Holland House, el general Castaños tiró un chiste legendario a un desconcertado Dupont. El mismo día que la Cosa Nostra hizo saltar a Paolo Borsellino por los aires. El día que ardió Roma. Y el día también, por qué iba a escribir esto si no, de mi cumpleaños. Me encanta una buena efeméride y no solo me quedo ahí, si no que intento contagiar a los demás de esa fascinación por la coincidencia cósmica, líneas tangentes a la órbita que dibuja la traslación terrestre. Tal es mi capacidad para dar la lata que he llegado a conseguir que a mi expareja le hiciese ilusión haber nacido el mismo día que Franco.

    En este mismo día, pero en 1870, estallaba la guerra franco-prusiana que estaría decantada semanas más tarde. Una blitzkrieg en toda regla que pillo a la aristocracia con el tiempo justo para hacer las maletas y a los Cornudets de turno con poco más que para ponerse a cantar. No los culpo, la falta de perspectiva histórica no les dejó ver que estos nuevos alemanes se ponían calentitos al ritmo del mercurio. Un espíritu belicista que reservaban con muy mala baba para las vacaciones. Más tarde llegaría la Gran Guerra un 28 de julio y tras ella la Segunda Guerra Mundial un 1 de septiembre. Me suena haber visto la figura de Bismarck con un fondo negro tras él y la cita “Las guerras son para el verano”, pero no estoy seguro, quizás era Einstein. Quiero llamar la atención aquí acerca del papel de España en el equilibrio geopolítico internacional. Como hábil trilero haciendo temporada en las Ramblas, sustituye la sed de sangre por sed de cerveza y alcohol de garrafón. Ríos de meadas y abrazos sudorosos como precio a pagar por la paz. Se nos valora poco.  

    Otro 19 de Julio nació el poeta de vanguardias ruso Vladímir Mayakovski. “Que aprendan los contemporáneos a escribir, y también los historiadores imbéciles. “Un notable poeta vivió una vida mezquina y sin interés.”” abría su poema Nacimiento de Mayakovski. Autor de culto para muchos y comúnmente citado por tíos de pelo recogido en bares con el objetivo único de follar (Yo lo acabo de hacer, pero ni estoy en un bar ni tengo pelo recogido). De vida y poesía imprevisible tuvo por contra una muerte bastante certera. Un tiro en todo el pecho apuntando al corazón, a quemarropa para no fallar. Método infalible que pide más valentía que puntería.

    Algo más de tino requiere la compañía neerlandesa ASML. Encargada de manufacturar la máquina más precisa del planeta, son los únicos que han conseguido mantener el pulso a la estresante ley de Moore con su tecnología de Extreme UV litography. Funcionamiento coral de un conjunto de complejísimas piezas en el cual una gota microscópica de estaño es disparada, dos veces por si acaso, por láseres para crear el plasma que sirve de fuente de luz. La onda rebota en el sistema óptico diseñado por la empresa alemana Carl Zeiss que termina por pintar un patrón en una oblea de silicio con una resolución equivalente a la de nuestro de ADN. Todo esto para fabricar los tan trendy microchips, también conocidos como semiconductores que, al igual que los pimientos, a veces conducen y otras no.

    A diferencia de la ciencia, la historia no requiere de tal exactitud. Quiero decir, en ocasiones se busca, pero no es deseable. Por supuesto prefiero que los cristales de mis gafas sean de marca Zeiss, pero me da un poco de pereza el excesivo revisionismo histórico. Si alguien me dijera “Los espartanos no eran 300 en las Termópilas” o “En realidad Colón no fue el primer europeo en llegar a América, sino que los vikingos…” le respondería con un “Oye tío, cállate ya”. No os confundáis, lo digo desde el más sincero amor hacia la disciplina. Y es que para aguar la fiesta ya existe la ciencia. Soy de la generación a la que a los 9 años nos dijeron que Plutón ya no era un planeta. ¿A qué clase de desalmado se le ocurre decir eso a un niño? Os lo digo yo, a un físico.

    Hoy, 19 de Julio de 2022, se celebra el aniversario de muchas cosas. Algunas ocurrieron, otras ocurrieron en realidad el 18 o el 20 y otras nunca llegaron ocurrir. Algunas pasarán y se reducirán en la memoria a “el otro día”. Por lo pronto, estoy casi completamente convencido que hoy es mi cumpleaños así que os invito a tomar una copa a mi salud, yo lo haré por vosotros. Feliz cumpleaños a mí.  

  • II. Elegías y elecciones

    Dos hombres batiéndose en duelo.

    Hace ya unas semanas falleció un ser querido, pero no estoy aquí para hablar de dramas. En un arranque artístico decidí escribir unas líneas de camino a Galicia. Un sincero homenaje a la vida de alguien que dio la vida por los demás. Un lamento por aquello que deseamos, pero que por desgracia ya no podemos tener. Con más o menos acierto, más prosa que verso, me sumé a una interminable lista de personas que para evitar pensar decidieron componer una elegía. Ese subgénero heredado de la antigüedad que la LOMCE, o la LOE, o lo que sea, llevo años perdido, nos graba a fuego con las Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique. Estudiantes del sistema público de educación español que, como vacas, pasean por las calles del estado con una marca de ganado que reza “Cualquier tiempo pasado fue mejor”. En otros países llevarán otras marcas e imagino que en Rusia exhibirán algún fragmento aleatorio de La muerte del poeta.

    Como marcan los cánones del romanticismo, Aleksander Pushkin murió en duelo a la corta edad de 37 años. El Poeta, al parecer, se enfrentó a un hombre portando un arma que había sido trucada, haciendo imposible su empresa de defender el honor de su esposa. Tal fue el impacto de la muerte de este pionero de las letras rusas en el joven Mijaíl Lérmontov, que además de dedicarle su famosísimo poema, dio un paso más allá al emular también su mortis causa cuatro años más tarde. Son cabezudos estos románticos. No sorprende que Lérmontov sea además el autor favorito de Putin, al que sin duda se le fue de las manos aquello de Un héroe de nuestro tiempo.  

    En Rusia, leí, surgió un imitador de McDonald’s tras el cierre de la empresa americana. Para el rebranding, se rotó ligeramente la icónica M dejándola en algo similar a una B. ¿Y su nombre? Tío Vanya. El vertedero en el que se ha convertido el panorama informativo me hace dudar de la veracidad de la noticia, pero no puedo evitar conectar los puntos. Una cadena de comida rápida con nombre de obra de Chéjov, Quevedo y Rosalía como referentes de la música urbana en España, o, mi favorito, la estrella de OnlyFans Dulcinea. La cumbre de la creación artística literaria al servicio de la cultura de masas. Pensándolo bien, quizás no deja de ser un paso más en la evolución natural de la moda retro. Camiseta del Borussia Dortmund de la temporada 96/97, pseudónimo prestado de la Generación del 98, cadenita de oro y a petarlo en TikTok.

    Siguiendo con Rusia, también leí acerca del despliegue de un centenar de soldados de élite franceses. Estos descendieron en paracaídas como relámpagos sobre suelo estonio en una operación de carácter preparatorio y disuasorio. Una exhibición de músculo militar (el mayor gasto en defensa de la Unión) para mostrar su compromiso con la defensa del flanco este. El tema es, no está la movida como para que una inocente vanaema estonia se vea sorprendida por unos paracaidistas armados con fusiles de asalto. Imagínense la confusión al ver las tropas cayendo del cielo escoltadas por aviones de combate.

    Más que probable es que las aeronaves llevasen la marca de Dassault Aviation, filial del gigante francés Dassault Groupe. Fundado por Marcel Dassault, el grupo industrial francés extiende su influencia a través de sus múltiples ramas. La dedicada a software de diseño 3D y gestión de ciclo de vida del producto, Dassault Systèmes. O la división mediática que controla el noticiario conservador Le Figaro. Para facilitar su reconocimiento, Dassault Aviation es el fabricante de los aeroplanos comerciales Falcon (Sí, el de Pedro). Además del éxito empresarial palpable en las cuentas anuales del grupo, la familia Dassault fue noticia por un motivo más trágico durante el año 2021. El nieto de Marcel, Olivier, que fuera diputado en la Asamblea Nacional y presidente del grupo, falleció en un accidente de helicóptero. El titular en mi cabeza: “Fabricante de aeronaves fallece en accidente de aeronave”.

    ¿Veis por dónde voy? ¡La muerte de Olivier estaba anunciada! ¿Cómo iba a morir si no? Siento un placer culpable por estas defunciones “redondas”. El inventor de Segway palmándola en accidente de Segway, Marie Curie por la exposición a la radiación o nuestro par de poetas románticos batidos trágicamente en duelo. ¡Y es que así cualquiera escribe una elegía! De hecho, no me extrañaría que el impostor de Mijaíl la tuviese preparada. O la hubiese robado de un almacén secreto donde están guardadas las elegías pasadas y futuras. Las de esas muertes que cuando ocurren el familiar de turno dice “Murió haciendo lo que más quería” o “Si hubiese podido elegir como, lo hubiera hecho así” al más puro estilo del viejo Casale.

    Me pregunto si la elegía de mi muerte estará guardada en esa sala. La semana pasada se precipitó de la estantería un tomo de la obra completa de Chéjov y al encontrarme considerable mamotreto sobre el sofá, rumié sobre las posibilidades que la contusión hubiese terminado en un desenlace trágico para mi persona. Estoy aquí escribiendo esto, así que esta claro que por ahí no van los tiros. En cualquier caso, si pudiese elegir mi muerte, evitaría de todas maneras lo previsible. No podría aguantar a un imbécil ridiculizándome en un WordPress dentro de 200 años. Quiero ser ese viejo de vida longeva que fuma un paquete de tabaco al día y se baja tres carajillos. Aparecer en un reportaje de Televisión Española por mi 150 cumpleaños recomendando una copita de vino al día. Que la gente se pregunte “¿Cómo cojones sigue éste vivo?” ¡En realidad, ni siquiera quiero morir! Pero si lo hiciera, por favor, haceos los sorprendidos.

  • I. La razón de la huida

    Retrato de Margarita de Valois

    El ambiente se ha vuelto pegajoso y los olores más intensos lo que me indica, sin necesidad de calendario, que ha llegado el verano. Cierro mis ojos mientras estoy tumbado boca arriba y el Sol dibuja formas geométricas de colores vivos en mis párpados. Los abro y solamente veo un cielo azul, muy azul, y nubes blancas. Los vuelvo a cerrar y el lienzo ha cambiado totalmente. Donde antes había círculos anaranjados ahora hay hexágonos rojizos. Muevo ligeramente mi cabeza y la realidad toma un aspecto caleidoscópico, me decido a volver a abrir los ojos y nada, no hay manera, el mismo cielo azul con las mismas nubes blancas. ¿Dónde habrá quedado esa composición variable que intuía una orgía desbocada de colores primarios?

    La naturaleza, al igual que las personas, debe disponer de una noción de la intimidad, de un sexto sentido que le avisa cuando un par de ojos se clava en su nuca y vulnera su privacidad de la manera más flagrante. Un instinto natural por el cual los átomos deciden taparse las partes cuando un atrevido observador está a punto de descubrir su esencia más pura, dificultando sobremanera la elaboración de teorías científicas.  Es solo a veces cuando ese observador curioso, oportunista o malicioso hace saltar por los aires este hermético secretismo y alcanza aquello que por su propio carácter se oculta: la verdad.

    Hace unos días salió a la luz un vídeo sexual de un conocido presentador de televisión. Por supuesto “salió a la luz” no deja de ser un eufemismo para referenciar un más que probable delito penado y que constituye uno de los mayores riesgos del siglo XXI. La proliferación de los sistemas de vídeo y la insaciable perversidad del ser humano cimentan una práctica tan peligrosa como atractiva. Yo mismo me he visto seducido por ese placer, y es que verse a uno mismo follar tiene su punto, no lo vamos a negar. Y otra vez, con ese impostado puritanismo, seguimos tildando estas revelaciones como escándalos.

    De auténticos escándalos sexuales está llena la historia. Prueba de ello la saga de los Valois en Francia, especialmente en su etapa tardía de poder a finales del siglo XVI. Infidelidades, enfermedades venéreas y regicidios que definieron la historia de occidente. A diferencia de sus hermanos, la reina Margot aguantó una vida sexual desenfrenada de la que tampoco salieron muy bien parados sus amantes. Se dice que conservaba sus corazones en formol e incluso la cabeza del decapitado por traición Boniface de la Molle. No había vídeos, pero me jugaría un dedo a que le ponía como una batidora montárselo frente a un espejo. Por cierto, idea de cita: visitar el museo de ciencia de Londres para ver en vivo el cerebro conservado químicamente del considerado padre de la computación, con permiso de Ada Lovelace, Charles Babbage.

    Su marido Enrique IV fue el reconocido rey de Francia estabilizador de las guerras religiosas entre protestantes y católicos, navarro y al que se la atribuye la celebérrima frase “Paris bien vale una misa”. Y ojalá fuese todo tan fácil como aceptar una doctrina que no te importa lo mas mínimo. Y es que siempre he dicho que aceptaría cualquier tipo de rito religioso con tal de estar con la persona que amo. Debo ser de los pocos gallegos nacidos en el siglo XX al que sus padres decidieron no bautizar y abrazaría con gusto el catolicismo en una ceremonia compuesta por una ducha a medias y un reconocimiento de mis pecados ante dios. De la misma manera que me circuncidaran u obligasen a peregrinar a La Meca. Y no, no estaría mintiendo. A fin de cuentas, ¿qué más da? La mera indiferencia no merece una novela.  

    En cualquier caso, la luz de París claramente vale una misa. Esa capital europea que a tanta gente atrae, precisamente, para ocultar la verdad. Al checo Milan Kundera que como el profesor de su Nadie se va a reír se dio cuenta que los muros de las casas tienden a volverse transparente. O al magnífico Cortázar que el miedo a enfrentarse al hábil intruso en Casa Tomada terminó por expulsarlo, despojarlo de su propia guarida. ¿Por qué tanto recelo en pasar desapercibido?, te preguntarás. Pues por la misma razón por la que nuestras huellas dactilares nunca son iguales, para conservar aquello que nos hace únicos, la fórmula secreta de nuestra humanidad.

    Y eso es lo fundamental de la cuestión, elegir cuántas millas estás dispuesto a huir, discursos en los que mentir y amores que sacrificar por mantener TU verdad a salvo. Rechazar cookies, nunca filmarte durante el coito o votar en blanco. Cerrar los ojos y cerrárselos a los demás. Aún nos quedan maneras de seguir corriendo.